Cuando la Josefa me pidió que diera mi testimonio sobre el cáncer de mama, no
sabía por dónde partir y así que decidí que contar desde el corazón.
Tenía 34 años y casada hace 1 año y medio, nos habíamos venido a vivir a
Temuco por la pega de mi marido y me costó mucho el cambio. Había dejado a
una familia muy achoclonada y a mis amigas, no me arrepiento ningún día y
volvería a tomar las mismas decisiones, aunque en ese minuto me ahogaba en un
vaso de agua!
Estábamos de vacaciones y duchándome me encontré un poroto en la pechuga
derecha, obvio me asuste! Pero mi marido me dijo “deben ser esos quistes de
agua, cuando volvamos vamos al doctor”, ese fue el primer apretón de guata y
seguimos viajando. Cuando volvimos a Temuco, pedimos hora porque queríamos
ver si estaba todo bien para ser papás y ahí empezó todo! Cómo dijo el doctor
“vamos a dejar en pausa el tema guagua y necesito URGENTE estos exámenes”.
Creo que esa noche no dormí pensando en que todo lo que se nos venía para
adelante, porque siempre supe lo que era pero solo necesitaba el diagnóstico. De
hecho tenía el pelo muy largo y se me “ocurrió” cortármelo antes de...
Después de suplicar para que me hicieran los exámenes, porque la salud en
regiones es PÉSIMA, me dijeron lo que yo ya sabía.
Nunca me voy a olvidar de la conversación con el doctor, ¿Por qué a mí? ¿Qué había hecho mal? ¿Qué iba a pasar con mi pelo? ¿Me iba a morir? ¿Iba a vomitar como en las películas? En resumen no me dijo nada, solo que me tomara una semana para “pensar” que nos estaba pasando, claramente no había nada que pensar, esto fue un viernes y el lunes estábamos camino a Santiago a hacerme todo el tratamiento.
Tenía que dejar mi casa para volver a donde mis papás, y no sabía cuánto tiempo
mi marido iba a estar conmigo. Lloré mucho y no entendía nada.
Una semana después de hacerme de nuevo todos los exámenes y más, me
estaban haciendo una mastectomía completa, ese día la clínica estaba repleta de
mi familia y amigas. Afuera de mi pieza habían tantas flores que pensaron que de
maternidad me habían enviado a ese piso!

La contención es tan importante, es el 90% de la recuperación. Hasta el día de
hoy agradezco tanto tanto como me acompañaron, me cuidaron y me abrazaron
incondicionalmente que hasta me emociono solo de escribirlo. Pero el que se lleva
el mayor de los agradecimientos es mi marido, que cuando me entregaron el
diagnóstico que al principio era horrible, le dije que si quería llegar hasta acá yo lo
entendía y respetaba, y me dijo “entonces si yo me enfermara tú te irías?” Nunca
más me soltó la mano para nada! 
Esa semana vi literalmente en blanco y negro. Me miraba y pensaba “No quiero
ver cómo me dejaron”, me daba susto ver con lo que iba a tener que vivir el resto
de mi vida. Nunca fui pechugona, pero pasar a cero igual era un mega cambio. Al
principio no me miraba, la cicatriz era gigante y más encima tenía el expansor (una
bolsa que van llenando con suero para expandir la piel para poder hacer la
reconstrucción), pero con el tiempo hasta le fui agarrando cariño a mi cicatriz.
La biopsia salió buena, así que 4 quimios de prevención y listo!!!! Pero había otro
tema que no se tocaba mucho y para mi era muy importante “la maternidad”, que
ese es un temón que da para escribir un libro, creo que es lo peor que me dejó
esta enfermedad, 3 invitros y un embarazo ectopico, en fin, eso es otro tema! 
Antes de mi primera quimio me corté el pelo muy cortó, fui con mis amigas y hasta
hicimos un salud para despedirlo, pero después de la primera quimio me
despertaba con la cama llena de pelos, me demoraba una hora en ducharme
porque se me caía mucho, hasta que me di cuenta que en verdad el tratamiento
estaba funcionando y cuando me desperté de la segunda quimio estaba una
enfermera lista para raparme, decisión que tomó una amiga y se la agradezco
siempre!
Nunca usé peluca, porque personalmente no me acomodaba, solo pañuelos, así
que tuve que obligatoriamente acostumbrarme a que me miraran con cara de pena
a donde fuera. Pero claramente no era lo más importante, pero es impactante lo
desubicada y poco empatica que puede ser la gente.
Cada quimio mi pieza estaba llena de gente, hacían turnos para acompañarme y
que no estuviera sola ni un momento! Incluso mis amigas después de comida, volvían a la clínica a acompañarme a caminar por el pasillo y hacíamos vida social
con las demás piezas. 
Teminaron las quimios y al fin pude volver a mi casa. Y ahí realmente me di
cuenta de todo lo que me había pasado, porque siempre acompañada todo el
diferente. Pero volví mucho más agradecida, preocupada de lo realmente
importante y con un aprendizaje increíble de lo que es realmente la vida. Porque si
tuviera que elegirla sería la misma! 
Pero lo que nunca voy q entender es porque preocuparse de este tema se hace
después de los 40 años! Si una vez nos juntamos 20 que estábamos con quimios
y la mayor era yo!!!!! 
Hay que hacerse por lo menos una ecografía al año y cambiar esa mentalidad del
siglo pasado, así se podrían evitar tantos casos!
Puedo decir como resumen, que me siento muy afortunada de estar sana, de la
contención que tengo hasta el día de hoy cada vez que me tengo que hacer mis
exámenes anuales, de todas las personas increíbles que vas conociendo en el
camino y de haberle sacado un sentido a una enfermedad que jamás pensé que
iba a tener!

 

Mujer Valiente 

26 julio 2023 — Josefa Arentsen